Casa Batlló, el Drac de Pedralbes, la Casa Amatller… Barcelona está llena de dragones. Este Sant Jordi, levanta la vista y búscalos.
En GTA Europa queremos celebrar Sant Jordi a nuestra manera: recordando que Barcelona no solo huele a rosas el 23 de abril. También tiene dragones. Muchos. Y llevan siglos escondidos en sus fachadas, sus puertas y sus tejados, esperando que alguien se fije en ellos.
Nosotros, que llevamos tres décadas subidos a andamios y mirando de cerca lo que los demás ven de lejos, hemos aprendido a leerlos. Porque cada edificio guarda una historia, y la de Barcelona está llena de bestias de piedra, hierro forjado y cerámica que ningún caballero ha conseguido vencer del todo.
Este Sant Jordi os invitamos a recorrer con nosotros los rincones de la ciudad donde el dragón sigue vivo. Y de paso, entender por qué rehabilitar un edificio antiguo es también, a su manera, un acto de conservar la leyenda.
La casa que es un dragón
No hace falta ir muy lejos. En el Passeig de Gràcia, el número 43 no es una casa: es un dragón. Antoni Gaudí convirtió la Casa Batlló en la viva representación de la leyenda de Sant Jordi. El tejado ondulado de escamas tornasoladas es el lomo de la bestia. La torre con cruz, la espada del caballero. Los balcones, los cráneos de las víctimas. Y la fachada entera, un cuento de piedra y cerámica que cambia de color según la hora del día.
Cuando uno trabaja en rehabilitación de edificios como hacemos en GTA Europa, aprende a leer una fachada como si fuera un texto. Cada grieta tiene su historia. Cada ornamento, su significado. Y la Casa Batlló nos recuerda que un edificio puede ser, al mismo tiempo, arte, arquitectura y mitología.
El dragón que nadie toca, El Drac de Pedralbes
Hay un rincón de Barcelona que pocos conocen y que guarda uno de los dragones más impresionantes que hemos visto. En la Avenida de Pedralbes, 7, una puerta de hierro forjado de cinco metros abre las fauces hacia quien se atreve a acercarse.
Es el dragón de los Pabellones Güell. Obra de Gaudí, de 1887. Representa a Ladón, el guardián mitológico del Jardín de las Hespérides. Tiene alas de murciélago, escamas en el cuerpo y una lengua que parece moverse. Dicen que en su origen estaba pintado de colores y tenía un mecanismo para mover las garras.
Lo que no dicen es lo que se siente al pararse delante de él. La sensación de que alguien —o algo— te está mirando desde hace más de cien años.
Sant Jordi también vive en piedra
El dragón no siempre gana. En la fachada de la Casa Amatller, el escultor Eusebi Arnau talló en piedra el momento exacto en que Sant Jordi clava la lanza. En la Casa de les Punxes, un mosaico de cerámica vidriada muestra al santo aplastando al dragón, con una leyenda escrita a sus pies que todavía eriza la piel: «Sant Patró de Catalunya, torneu-nos la llibertat».
En el Palau de la Generalitat, hay representaciones del santo desde 1418. La más curiosa, en la fachada gótica de la calle del Bisbe, tiene un casco que parece de astronauta. No es un error: es una restauración contemporánea que alguien hizo con sentido del humor. O con sentido de la historia.
Y en las Ramblas, en la esquina con la calle de la Boqueria, la Casa Bruno Cuadros luce un dragón chino de hierro forjado que sostiene un farol. Exótico, inesperado, y completamente barcelonés.
Los dragones que nadie ve
Hay otro dragón que poca gente señala con el dedo. Está en el Park Güell, sobre la famosa fuente de trencadís de la entrada. Es Pitón, la serpiente del oráculo de Delfos. Gaudí lo situó justo encima de los depósitos de agua del parque, como guardián de las aguas subterráneas. El detalle es tan sutil que la mayoría de visitantes le hacen una foto sin saber qué están fotografiando.
Y luego está el dragón del Parque de l’Espanya Industrial, en Sants. Pesa 150 toneladas, tiene tres toboganes en su interior y es una escultura del vasco Andrés Nagel. El dragón más inesperado de Barcelona. El favorito de los niños del barrio.
También el Castell dels Tres Dragons, en el Parc de la Ciutadella. Construido por Domènech i Montaner para la Exposición Universal de 1888. El nombre viene de una comedia popular de la época. Hoy es el Museu de Ciències Naturals, pero su nombre sigue siendo el mismo: el castillo de los tres dragones.
Feliz Sant Jordi
Este 23 de abril, además de regalar un libro y una rosa, os animamos a salir a pasear por Barcelona con los ojos bien abiertos. Levantad la vista de las paradas de flores. Apartaos un momento del bullicio de las Ramblas. Y buscad los dragones.
Están en las puertas, en los tejados, en las esquinas. En el hierro forjado, en la cerámica, en la piedra. Algunos llevan siglos mirando pasar la ciudad sin que casi nadie los vea. Solo hace falta saber dónde mirar.
