El verano también deja huella en las fachadas.
Agosto parece el mes en que todo para. Los vecinos se van, los edificios respiran y las calles se vacían. Pero en las fachadas pasa todo lo contrario.
El calor que mueve los materiales
El calor extremo de julio y agosto somete los revestimientos a una presión constante. Los materiales se dilatan con el sol y se contraen por la noche, cuando las temperaturas caen de golpe. Ese movimiento repetido, día tras día, abre grietas en las juntas, desprende revestimientos y compromete la impermeabilización de zonas que hasta ahora parecían en perfecto estado.
La humedad que trabaja en silencio
A eso se suma la humedad. Las tormentas puntuales de verano, la condensación nocturna y la acumulación de agua en cornisas y balcones hacen el resto. El agua encuentra los puntos débiles que el calor ha abierto y empieza a trabajar desde dentro.
Agosto es el momento de mirar. Septiembre, de actuar.
Mientras el edificio está menos ocupado, es el mejor momento para observar la fachada con calma: ¿hay eflorescencias nuevas? ¿Grietas que antes no estaban? ¿Zonas donde el revestimiento suena a hueco? Esas señales no desaparecen solas. Con el otoño y las primeras lluvias, se agravan.
En GTA Europa llevamos más de 30 años rehabilitando fachadas en Barcelona. Sabemos lo que el verano esconde y lo que el otoño termina de romper.
¿Tu fachada ha pasado el verano bien? En septiembre estaremos encantados de ayudarte a comprobarlo.
