Lo hicieron las intervenciones anteriores mal resueltas.
Tercera entrega de Barcelona rehabilitada. La antigua sede de Transmediterránea en el número 2 y la Casa Arturo Bulbena en el número 51: lo que encontramos y lo que tuvimos que deshacer antes de poder empezar.
Via Laietana no es una calle cualquiera. La abrieron a principios del siglo XX derribando cientos de edificios medievales del barrio de Sant Pere. Lo que quedó en pie a su alrededor era patrimonio por definición. Algunos de esos edificios llegaron al siglo XXI con décadas de intervenciones encima: enfoscados, pinturas, revestimientos que no eran los originales y que, con el tiempo, terminaron causando más daño que el que pretendían proteger.
En esta entrega de Barcelona rehabilitada documentamos dos proyectos en Via Laietana donde el trabajo de GTA Europa empezó, en buena parte, por deshacer lo que otros habían hecho.
Via Laietana, 2. La antigua sede de Transmediterránea: forja, piedra y una torre que volvió a hablar.
El edificio de Via Laietana 2 es uno de los más reconocibles del tramo bajo de la calle. Construido en los años veinte del siglo pasado, fue durante décadas la sede de la Compañía Transmediterránea. Su fachada combina elementos clasicistas con detalles de forja trabajada y una torre que articula la esquina con el Passeig d’Isabel II.
Cuando GTA Europa intervino, la fachada presentaba capas de pintura que ocultaban la piedra original y un estado de deterioro en los elementos de forja que requería una intervención pieza a pieza. El proceso incluyó la eliminación controlada de los recubrimientos, la limpieza y consolidación de la piedra, y la restauración de los elementos metálicos: barandillas, molduras y remates de la cornisa.
La torre, que había perdido visibilidad bajo el deterioro acumulado, recuperó tras la intervención la lectura que tenía como remate del conjunto. Hoy es de nuevo uno de los elementos que articula visualmente el encuentro entre Via Laietana y el frente marítimo.

Via Laietana, 51. Casa Arturo Bulbena, escamas vidriadas, ornamentos recuperados del archivo y una fachada que alguien cubrió con fibrocemento.
La Casa Arturo Bulbena es un edificio modernista de principios del siglo XX. Su fachada original incluía revestimientos de escamas vidriadas, un tipo de acabado característico de la arquitectura catalana del período que requiere una fabricación artesanal específica y que, cuando se pierde, es muy difícil de reponer.
En algún momento de la segunda mitad del siglo XX, buena parte de la fachada fue cubierta con placas de fibrocemento. Una solución de mantenimiento barata y rápida que, con el paso de los años, resultó ser exactamente lo contrario: el fibrocemento retenía humedad, la transmitía a la estructura y deterioraba desde dentro lo que pretendía proteger desde fuera.
GTA Europa retiró el fibrocemento, saneó la estructura subyacente y abordó la recuperación de las escamas vidriadas trabajando con el archivo histórico para documentar el diseño y los colores originales. Los ornamentos que habían desaparecido bajo las placas fueron también recuperados, algunos de ellos a partir de documentación fotográfica y de hemeroteca.
El resultado es una fachada que volvió a ser lo que era, no lo que décadas de parches habían convertido en norma.
Lo que Via Laietana nos enseñó
En los dos proyectos de Via Laietana, el mayor reto no fue técnico en el sentido convencional. Fue diagnóstico: entender qué estaba debajo, qué había causado el daño y en qué orden había que intervenir para no reproducir los errores anteriores.
El tiempo deteriora los edificios, sí. Pero a menudo lo que encontramos en fachada es daño acumulado de intervenciones que no entendieron el material con el que estaban trabajando. Revertirlo exige tiempo, metodología y, en muchos casos, un trabajo de archivo que va más allá de la obra.
Muy pronto, última entrega de Barcelona rehabilitada: Rambla Catalunya y Plaça Catalunya. Dos proyectos con algo en común que no siempre se conoce: la rehabilitación fue a coste cero para la propiedad.
